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Laura
Freixas
La Vanguardia, 06-12-12
PENSAMIENTO
MÁGICO
“¿Qué es esa cola?”, me
pregunto sorprendida al pasar por la calle del Carmen, en pleno centro
de Madrid. ¿Qué es lo que puede empujar a tanta
gente a pasar horas de pie, a la intemperie, en el frío
invierno madrileño? Intrigada, sigo la cola hasta el
principio, y me encuentro con la famosa lotería de
Doña Manolita. Una vez en casa la busco en Internet: me
entero de que es la más conocida de España junto
con La Bruixa d’Or de Sort. Una y otra venden cada año
decenas de millones de euros; su fama es internacional; suscitan tanto
entusiasmo de sus fans, que el año pasado La Bruixa
decoró con sus mensajes (recibe cientos al día)
un árbol de Navidad de cinco metros; y es que son las que
más premios reparten. ¿Cuál es su
secreto?... Algo tan elemental que entenderlo está al
alcance de cualquiera. Las probabilidades de ganar en una
lotería dependen de una sola cosa: del número de
boletos adquiridos. Si Doña Manolita o La Bruixa d’Or son
las que ganan (y reparten) más premios, es porque son las
que más lotería compran (y venden).
Y sin embargo, mucha gente sigue creyendo en ellas
como si tuvieran algún poder sobrenatural, divinatorio. De
hecho, el año pasado, el dueño de La Bruixa hizo
una profecía: auguró que el gordo iba a terminar
en 10. Terminó en 68. Pero tales minucias no hacen mella en
algo tan grande, venerable y hermoso como es la fe. Tampoco quienes
peregrinan a Lourdes se preguntan por qué Dios cura a
poquísimos de entre ellos y no a los demás
(¿no se supone que es justo?), y por qué cura una
cojera pero no hace que a un amputado le vuelva a crecer la pierna
(¿no es todopoderoso?).
Desde el siglo XVIII, el grueso de la
intelectualidad occidental empezó a librar una batalla de la
razón contra la fe que parecía destinada a ganar
por goleada. No ha sido así. Sin alejarnos del centro de
Madrid, tras las colas de diciembre frente a Doña Manolita
podemos ver otras, en enero, frente a la iglesia de San
Antón, de creyentes que llevan a bendecir a sus perros,
gatos, loros o iguanas, y en marzo, frente a la iglesia de Medinaceli,
para besar los pies al Cristo. También hay otra cola, por
cierto, esta durante todo el año y cada vez más
concurrida: la del comedor social de la Hermandad del Refugio, en la
calle Corredera Baja. Esta, mucho me temo, es la realidad y lo
demás, si me permiten citar a un autor que hoy se recuerda
poco, es el opio del pueblo.
Laura Freixas es escritora y presidenta
de la asociación Clásicas y Modernas
para la igualdad de género en la cultura.
www.laurafreixas.com
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