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Laura
Freixas
La Vanguardia, 28 de Mayo de 2009
EL GRAN AUSENTE
Bajo los focos, cuatro protagonistas: la mujer embarazada, el nasciturus (como se le llama en Derecho) y los padres de ella. Personajes secundarios: ministras, obispos, ministros, presidentes, ex presidentes, columnistas, médicos, científicos, y hasta un lince. ¿No les parece que falta alguien? ¿Es que las mujeres se quedan embarazadas ellas solas?
Tal vez la respuesta nos la dé una película. Que como todas las películas, y aunque ahora no esté de moda decirlo, está ideológicamente cargada. Me refiero a Los abrazos rotos, de Almodóvar, donde aparecen un cineasta que se ha quedado ciego, su productora y amiga y el hijo de ésta, que ayuda al cineasta a escribir guiones. Tal y como se veía venir desde el principio, al final la productora le confiesa al chico que es hijo, no de una aventura fugaz, como siempre le había dicho, sino del cineasta. Qué raro: ¿por qué se lo dice al hijo, pero no al padre? Obviamente, por la misma razón que en su día le ahorró los pañales, las noches sin dormir, la manutención del niño y las visitas al dentista. Por lo mismo que ella lleva veinte años haciéndole de secretaria, confidente, ama de llaves, lazarillo y madre-padre del hijo común: para que él pueda dedicarse a sus cosas, por lo visto más importantes que las que podría hacer ella si no dedicara su vida a facilitar la de él... Que Almodóvar aprueba semejante situación –y con ello, gracias a la repercusión de sus películas, contribuye a legitimarla en la realidad social-, no cabe duda: el cineasta resulta un personajes encantador, en contraste con otros (como el encarnado por José Luis Gómez) diseñados para sernos antipáticos.
¿Es ese el modelo que queremos? ¿Mujeres solas ante el dilema de abortar o no; que si abortan lo hacen solas, y si tienen el hijo, lo crían solas?... Es en efecto la tendencia que se percibe en el debate sobre el aborto o la conciliación de la vida laboral y familiar (se da por supuesto que es cosa de mujeres), y también en el creciente número de madres voluntariamente solteras; aunque hay tendencias contrarias, como el auge de la custodia compartida. Por mi parte, y sin poner en duda que la decisión última corresponde a la mujer y sólo a ella, me parece imprescindible (humanamente, aunque no tiene por qué ser una obligación legal) que los padres estén, por lo menos, informados. Me refiero, por supuesto, al padre del nasciturus.
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