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Laura Freixas
La
Vanguardia , 5-7-04
HABLE TRADUCIDO
“Zonificación
del ámbito del sistema tarifario integrado”. ¿A que
impresiona? Lo pone en los mapas del metro barcelonés, y hay que
reconocer que tiene más empaque que si nos explicaran
simplemente que un solo billete, de precio distinto según la
distancia, sirve para viajar por todas las líneas.… Es uno de
los ejemplos que ofrece José Antonio Millán, en la
revista “Letras Libres” (junio 2004), del uso que el poder hace del
lenguaje, igual que en las frases: “Se ruega que desconecten los
dispositivos que emiten señales acústicas”, “Prohibida la
permanencia en este recinto sin título de transporte validado”,
“Mantenga sus pertenencias controladas en todo momento” o “Error de
Microsoft VBScript en tiempo de ejecución 80001a8 . Se requiere
un objeto”… Imagínense que las salas de conciertos dijeran:
“Apaguen los móviles”, el metro: “Prohibido viajar sin billete”,
los aeropuertos: “Vigile sus maletas” y el ordenador: “No ha escrito
qué quiere buscar”. ¿Qué quedaría de la
majestad de los entes musicales, municipales, aeroportuarios e
informáticos respectivos? Les trataríamos de tú y
nos les subiríamos a las barbas… No, no: hay que hacer respetar
la autoridad. Y quien quiera
ascender en la escala social, que evalúe –como
pedía, en cierto hotel, un cuestionario destinado a los clientes
- la “confortabilidad” de las habitaciones, alabe –como lo hacía
un anuncio radiofónico- la “durabilidad” de una bombilla, se
interese –como tantos comentaristas políticos- por la
“honorabilidad” de José María Aznar y se lamente de que
la boda real quedara deslucida por la “climatología
adversa”. No se le ocurra hablar de comodidad, duración, honor,
o decir que hizo mal tiempo; quedaría como un paleto.
Pero si esta
culta latiniparla que Millán resume en tres sencillas normas
(usar cuantas más palabras, cuanto más largas y cuanto
menos comprensibles, mejor), es un viejo recurso del que ya se burlaban
Quevedo o Molière , estos últimos años nos han
traído una nueva, que propagada por los traductores, está
haciendo su agosto en la prensa, en la literatura, en los folletos de
instrucciones, en todas partes, hasta llegar al lenguaje de la calle:
se trata de sustituir la vieja y aburrida lengua castellana por las
traducciones literales del inglés, que le dan un aire de
modernidad, como poner rascacielos para animar una playa. Así
por ejemplo, ya nadie está implicado en nada, sino “envuelto”
(con papel de plata); las enfermedades ya no son graves sino “severas”
(nos riñen mucho); nada ni nadie es sano ni amistoso, sino
“saludable” y “amigable”, por lo mismo que sería tonto decir
“sin grasa” pudiendo decir “libre de grasa”, que es más largo;
no se dice “claro” sino “seguro”, ni “socorro”, sino “ayuda” (como en:
“-Puede decirme que hora es? -¡Seguro! Las cuatro”, o en
“¡Ayuda! Mi ordenador se ha bloqueado”). La vulgar
Andalucía se ha sustituido por el más prestigioso “Sur”;
nadie se acuesta ya con nadie, sino que “duerme con”; nada
ocurrió “antaño” sino “una vez”; nadie vivía en
tal sitio, sino que “solía vivir”, y siguiendo la norma inglesa
por la que el señor y la señora Simpson son “los Simpsons
”, pronto diremos: “Cené ayer con los Péreces ”… Ventajas
del progreso. ¿O debería decir “la progresabilidad ”?
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